LAS 7 LEYES
ESPIRITUALES
DEL ÉXITO
DEEPAK CHOPRA
Tal como es tu
deseo es tu voluntad.
Tal como es tu
voluntad son tus actos.
Tal como son
tus actos es tu destino
-
Brihadaranyaka Upanishad IV.4.5.
INTRODUCCIÓN
Aunque el título de este libro es
“Las siete leyes espirituales del éxito”, bien podría ser “Las siete leyes
espirituales de la vida”, porque son los mismos principios que la naturaleza
emplea para crear todo lo que existe en forma material - todo lo que podemos
ver, oír, oler, degustar o tocar.
En Creating Affluence: Wealth
Consciousness in the Field of All Possibilities, describí los pasos para llegar
a la conciencia de la riqueza sobre la base de una verdadera comprensión de la
manera como funciona la naturaleza. Las siete leyes espirituales del éxito
constituyen la esencia de esa enseñanza. Cuando este conocimiento se incorpore
en nuestra conciencia, tendremos la capacidad de crear una abundancia
ilimitada sin esfuerzo alguno, y de experimentar el éxito en todo lo que nos
propongamos.
El éxito en la vida podría
definirse como el crecimiento continuo de la felicidad y la realización
progresiva de unas metas dignas. El éxito es la capacidad de convertir en
realidad los deseos fácilmente. No obstante, el éxito, incluyendo la creación
de la riqueza, siempre se ha percibido como un proceso que requiere mucho
esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas de los demás. Necesitamos
acercarnos de una manera más espiritual al éxito y a la riqueza, que no es otra
cosa que el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros.
Conociendo y practicando las leyes espirituales, entraremos en armonía con la
naturaleza para crear con espontaneidad, alegría y amor.
El éxito tiene muchos aspectos, y
la riqueza material es solamente uno de sus componentes. Además, el éxito es
una travesía, no un destino en sí. Sucede que la abundancia material, en todas
sus manifestaciones, es una de las cosas que nos permite disfrutar más la
travesía. Pero el éxito también se compone de salud, energía, entusiasmo por
la vida, realización en las relaciones con los demás, libertad creativa,
estabilidad emocional y psicológica, sensación de bienestar y paz. Pero ni
siquiera experimentando todas estas cosas podremos realizarnos, a menos que
cultivemos la semilla de la divinidad que llevamos adentro. En realidad,
somos la divinidad disfrazada, y el espíritu divino que vive dentro de nosotros
en un estado embrionario busca materializarse plenamente. Por tanto, el éxito
verdadero consiste en experimentar lo milagroso. Es el despliegue de la
divinidad dentro de nosotros. Es percibir la divinidad en cualquier lugar a
donde vayamos, en cualquier cosa que veamos: en los ojos de un niño, en la
belleza de una flor, en el vuelo de un pájaro. Cuando comencemos a vivir la
vida como la expresión milagrosa de la divinidad - no de vez en cuando sino en
todo momento - comprenderemos el verdadero significado del éxito.
Antes de definir las siete leyes
espirituales, es preciso comprender el concepto de ley. Una ley es el proceso
por el cual se manifiesta lo que no se ha manifestado; es el proceso por el
cual el observador se convierte en el observado; es el proceso por el cual el
que contempla se convierte en paisaje; es el proceso a través del cual el que
sueña proyecta el sueño.
Toda la creación, todo lo que
existe en el mundo físico, es el producto de la transformación de lo
inmanifiesto en manifiesto. Todo lo que contemplamos viene de lo desconocido.
Nuestro cuerpo, el universo físico - todo lo que podemos percibir por medio de
los sentidos - es la transformación de lo inmanifiesto, lo desconocido e invisible
en lo manifiesto, lo conocido y lo visible.
El universo físico no es otra
cosa que el yo plegado sobre sí mismo para experimentarse como espíritu, mente
y materia física. En otras palabras, todos los procesos de la creación son
procesos por medio de los cuales el yo o la divinidad se expresa. La
conciencia en movimiento se manifiesta a través de los objetos del universo,
en medio de la danza eterna de la vida.
La fuente de toda creación es la
divinidad (o el espíritu); el proceso de creación es la divinidad en movimiento
(o la mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del cual forma
parte nuestro cuerpo). Estos tres componentes de la realidad - espíritu, mente
y cuerpo, u observador, proceso de observación y observado - son básicamente
la misma cosa. Todos provienen del mismo sitio: el campo de la potencialidad
pura, puramente inmanifiesto.
Las leyes físicas del universo
representan en realidad todo este proceso de la divinidad en movimiento o de
la conciencia en acción. Cuando comprendemos estas leyes y las aplicamos en
nuestra vida, todo lo que deseamos puede ser creado, porque las mismas leyes
en que se basa la naturaleza. para crear un bosque, o una galaxia, o una
estrella o un cuerpo humano, pueden convertir en realidad nuestros deseos más
profundos.
Ahora veamos las siete leyes
espirituales del éxito y la manera de aplicarlas en nuestra vida.
1
La fuente de toda creación es la
conciencia pura... la potencialidad pura que busca expresarse para pasar de lo
inmanifiesto a lo manifiesto.
Y cuando nos damos cuenta de que
nuestro verdadero yo es la potencialidad pura, nos alineamos con el poder que
lo expresa todo en el universo.
En el principio
no había existencia ni
inexistencia;
todo este mundo era energía sin
manifestarse...
El Ser único respiraba, sin
respiración,
por su propio poder. Nada más
existía...
- Himno de
La primera ley espiritual del
éxito es la ley de la potencialidad pura. Se basa en el hecho de que, en
nuestro estado esencial, somos conciencia pura. La conciencia pura es potencialidad
pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. La
conciencia pura es nuestra esencia espiritual. Siendo infinita e ilimitada,
también es felicidad pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento
puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la
simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de
potencialidad pura.
Cuando descubrimos nuestra
naturaleza esencial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento
encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque
somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensurable de todo lo que fue,
es y será. La ley de la potencialidad pura también podría denominarse ley de
la unidad, porque sustentando la infinita diversidad de la vida está la unidad
de un solo espíritu omnipresente. No existe separación entre nosotros y ese
campo de energía. El campo de la potencialidad pura es nuestro propio yo. Y
cuanto más desarrollemos nuestra propia naturaleza, más cerca estaremos de ese
campo de potencialidad pura.
Vivir de acuerdo con nuestro yo,
en una constante auto-referencia, significa que nuestro punto interno de
referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra
experiencia. Lo contrario de la auto-referencia es la referencia al objeto.
Cuando vivimos según la referencia al objeto, estamos siempre influidos por las
cosas que están fuera de nuestro yo; entre ellas están las situaciones en las
que nos involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que
nos rodean. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos
constantemente la aprobación de los demás. Nuestros pensamientos y comportamientos
esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el
temor.
Cuando vivimos según la
referencia al objeto, también sentimos una intensa necesidad de controlarlo
todo. Sentimos intensa necesidad de tener poder externo. La necesidad de
aprobación, la necesidad de controlar las cosas y de tener poder externo se
basan en el temor. Esta forma de poder no es el de la potencialidad pura, ni el
poder del yo, o poder real. Cuando experimentamos el poder del yo no hay
temor, no hay necesidad de controlar, y no hay lucha por la aprobación o por
el poder externo.
Cuando vivimos según la
referencia al objeto, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo,
el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra
máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la máscara social le
gusta la aprobación; quiere controlar, y se apoya en el poder porque vive en
el temor.
Nuestro verdadero yo, que es
nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es
inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a
nadie. Y, sin embargo, es humilde y no se siente superior a nadie, porque es
consciente de que todos los demás son el mismo yo, el mismo espíritu con
distintos disfraces.
Ésa es la diferencia esencial
entre la referencia al objeto y la auto-referencia. En la auto-referencia,
experimentamos nuestro verdadero ser, el cual no les teme a los desafíos,
respeta a todo el mundo y no se siente inferior a nadie. Por tanto, el poder
del yo es el verdadero poder.
El poder basado en la referencia
al objeto, en cambio, es falso. Siendo un poder que se basa en el ego, existe
únicamente mientras exista el objeto de referencia. Si uno tiene cierto título
- si es el presidente del país o el presidente de la junta directiva de una
corporación - o si tiene muchísimo dinero, el poder de que disfruta está
ligado al título, al cargo o al dinero. El poder basado en el ego dura
solamente lo que duran esas cosas. Apenas desaparezcan el título, el cargo y el
dinero, desaparecerá el poder.
Por otra parte, el poder del yo
es permanente porque se basa en el conocimiento del yo, y este poder tiene
ciertas características: Atrae la gente hacia nosotros y también atrae las
cosas que deseamos. Él magnetiza a las personas, las situaciones y las
circunstancias en apoyo de nuestros deseos. Esto es lo que se conoce también
como apoyo de las leyes de la naturaleza. Es el apoyo de la divinidad; es el
apoyo que se deriva de estar en un estado de gracia. Este poder es tal que
disfrutamos de un vínculo con la gente y la gente disfruta de un vínculo con
nosotros. Es el poder de establecer lazos - lazos que emanan del verdadero
amor.
¿Cómo podemos aplicar la ley de
la potencialidad pura, el campo de todas las posibilidades, en nuestra vida?
Si queremos disfrutar de los beneficios del campo de la potencialidad pura, si
queremos utilizar plenamente la creatividad inherente a la conciencia pura,
debemos tener acceso a ella. Una manera de tener acceso al campo de la potencialidad
pura es por medio de la práctica diaria del silencio, de la meditación y del
hábito de no juzgar. Pasar algún tiempo en contacto con la naturaleza también
nos brinda acceso a las cualidades inherentes al campo: creatividad infinita,
libertad y felicidad.
Practicar el silencio significa
comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener
la experiencia del silencio significa renunciar periódicamente a la actividad
de hablar. También significa renunciar periódicamente a actividades tales
como ver televisión, escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad
de experimentar el silencio, esto crea una turbulencia en nuestro diálogo
interno.
Destinemos un corto tiempo de vez
en cuando a experimentar el silencio. O sencillamente comprometámonos a hacer silencio
durante un determinado tiempo todos los días. Podrían ser dos horas, o si eso
nos parece mucho, hagámoslo durante una hora. Y de vez en cuando dediquemos un
período largo a experimentar el silencio, por ejemplo todo el día, o dos días,
o hasta una semana.
¿Qué sucede cuando entramos en
esta experiencia del silencio? En un principio, nuestro diálogo interno se
vuelve todavía más turbulento. Sentimos la necesidad apremiante de decir cosas.
He conocido personas que llegan a la desesperación total el primer o el
segundo día que se consagran a guardar silencio durante un período prolongado.
Súbitamente los invade una sensación de urgencia y de ansiedad. Pero a medida
que perseveran en la experiencia, su diálogo interno comienza a callar. Y al
poco tiempo, el silencio se vuelve profundo. Esto se debe a que después de
cierto tiempo, la mente se da por vencida; se da cuenta de que no tiene sentido
insistir e insistir si el yo - el espíritu, el que decide - no desea hablar, y
punto. Luego, cuando calla el diálogo interior, empezamos a experimentar la
quietud del campo de la potencialidad pura.
Practicar el silencio
periódicamente, en el momento que más nos acomode, es una manera de
experimentar la ley de la potencialidad pura. Otra manera es dedicar un tiempo
todos los días a la meditación. Lo ideal es meditar por lo menos durante
treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche. Por medio de la
meditación aprenderemos a experimentar el campo del silencio puro y la
conciencia pura. En ese campo del silencio puro está el campo de la correlación
infinita, el campo del poder organizador infinito, el terreno último de la
creación donde todo está conectado inseparablemente con todo lo demás.
En la quinta ley espiritual, la
ley de la. intención y el deseo, aprenderemos la manera de introducir un leve
impulso de intención en este campo para que la realización de nuestros deseos
tenga lugar espontáneamente. Pero primero debemos tener la experiencia de la
quietud. La quietud es el primer requisito para manifestar nuestros deseos,
porque en la quietud reside nuestra conexión con el campo de la potencialidad
pura, el cual puede organizar una infinidad de detalles para nosotros.
Imaginemos que lanzamos una
piedra pequeña en un pozo de agua y observamos las ondas que se forman. Al
rato, cuando las ondas desaparezcan y el agua quede quieta, quizás lancemos
otra piedra. Eso es exactamente lo que hacemos cuando entramos en el campo del
silencio puro e introducimos nuestra intención. En ese silencio, hasta la menor
intención avanzará formando ondas por el terreno subyacente de la conciencia
universal, el cual conecta todo con todo lo demás. Pero si no experimentamos
la quietud de la conciencia, si nuestra mente es como un océano turbulento,
podríamos lanzar en él todo el edificio Empire State sin ver efecto alguno.
Otra manera de entrar en el campo
de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar.
juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o
incorrectas, buenas o malas. Cuando estamos constantemente evaluando,
clasificando, rotulando y analizando, creamos mucha turbulencia en nuestro
diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre nosotros y el
campo de la potencialidad pura. Literalmente, comprimimos el espacio entre un
pensamiento y otro.
Ese espacio es nuestra conexión
con el campo de la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el
espacio silencioso entre los pensamientos, la quietud interior que nos conecta
con el poder verdadero. Y cuando comprimimos el espacio, reducimos nuestra
conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.
En Un curso de milagros hay una
oración que dice: "Hoy no juzgaré nada de lo que suceda". El hábito
de no juzgar crea silencio en la mente. Por tanto, es buena idea comenzar el
día con esa afirmación. Y durante todo el día, recordémosla cada vez que nos
sorprendamos juzgando. Si nos parece muy difícil practicar este procedimiento
durante todo el día, entonces sencillamente digámonos: "No juzgaré nada
durante las próximas dos horas" o "Durante la próxima hora, pondré en
práctica el hábito de no formar juicios". Después podremos ampliar
gradualmente el tiempo.
Por medio del silencio, de la
meditación y del hábito de no juzgar, tendremos acceso a la primera ley, la
ley de la potencialidad pura. Una vez que logremos este acceso, podremos
agregar un cuarto componente a esta práctica: pasar regularmente un tiempo en
contacto directo con la naturaleza. Pasar un tiempo con la naturaleza nos
permitirá sentir la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas
de la vida, y experimentar un sentimiento de unidad con todas las cosas de la
vida. Trátese de un arroyo, un bosque, una montaña, un lago o del mar, esa
conexión con la inteligencia de la naturaleza también nos ayudará a lograr el
acceso al campo de la potencialidad pura.
Debemos aprender a ponernos en
contacto con la esencia más íntima de nuestro ser. Esa verdadera esencia está
más allá del ego. No teme; es libre; es inmune a la crítica; no retrocede ante
ningún desafío. No es inferior ni superior a nadie, y está llena de magia,
misterio y encanto.
El acceso a nuestra esencia
verdadera también nos permitirá mirarnos en el espejo de las relaciones
interpersonales, porque toda relación es un reflejo de la relación que tenemos
con nosotros mismos. Si, por ejemplo, nos sentimos culpables, temerosos o
inseguros con respecto al dinero, al éxito o a cualquier otra cosa, estos
sentimientos serán el reflejo de la culpabilidad, la inseguridad y el temor
básicos de nuestra personalidad. No existe en el mundo ningún dinero o éxito
que pueda resolver estos problemas básicos de la existencia; solamente la
intimidad con el yo podrá hacer surgir la verdadera cura. Y cuando estemos bien
afianzados en el conocimiento de nuestro verdadero yo - cuando realmente
comprendamos su verdadera naturaleza - jamás nos sentiremos culpables,
temerosos o inseguros acerca del dinero, o de la abundancia, o de la
realización de nuestros deseos, porque comprenderemos que la esencia de toda
riqueza material es la energía vital, la potencialidad pura; y la potencialidad
pura es nuestra naturaleza intrínseca.
A medida que logremos más y más
acceso a nuestra verdadera naturaleza, también iremos teniendo espontáneamente
pensamientos creativos, porque el campo de la potencialidad pura es también el
de la creatividad infinita y el del conocimiento puro. Franz Kafka, el poeta y
filósofo austriaco, dijo alguna vez: "No hay necesidad de salir de la
habitación. Basta con sentarse a la mesa y escuchar. Ni siquiera es necesario
escuchar, sólo esperar. Ni siquiera hay que esperar, sólo aprender a estar en
silencio, quieto y solitario. El mundo se te ofrecerá libremente para ser
descubierto. Él no tiene otra alternativa; caerá en éxtasis a tus pies".
La abundancia del universo - la
espléndida exhibición y riqueza del universo - es una expresión de la mente
creativa de la naturaleza. Cuanto más sintonizados estemos con la mente de la
naturaleza, mayor acceso tendremos a su creatividad infinita e ilimitada. Pero
primero debemos dejar atrás la turbulencia de nuestro diálogo interno, a fin
de poder conectarnos con esa mente rica, abundante, infinita y creativa. Y entonces
crearemos la posibilidad de una actividad dinámica, pero manteniendo al mismo
tiempo la quietud de la mente eterna, ilimitada y creativa. Esta exquisita
combinación de la mente silenciosa, ilimitada e infinita con la mente
dinámica, limitada e individual, es el equilibrio perfecto de la quietud y el
movimiento simultáneos, el cual puede crear cualquier cosa que deseemos. Esta
coexistencia de los contrarios - quietud y dinamismo al mismo tiempo - nos
independiza de las situaciones, las circunstancias, las personas y las cosas
que nos rodean.
Cuando reconozcamos calladamente
esta coexistencia exquisita de los contrarios, nos alinearemos con el mundo
de la energía - el caldo cuántico, la cosa inmaterial que constituye la fuente
del mundo material. Este mundo de energía es fluido, dinámico, flexible,
cambiante, y está siempre en movimiento. Pero, al mismo tiempo, es quieto,
callado, eterno, silencioso y no cambia.
La quietud en sí constituye la
potencia para crear; el movimiento en sí es la creatividad reducida a un
determinado aspecto de su expresión. Pero la combinación de quietud y
movimiento nos permite dar rienda suelta a la creatividad en todas las
direcciones - a donde quiera que el poder de nuestra atención nos lleve.
A donde quiera que vayamos en
medio del movimiento y la actividad, llevemos con nosotros la quietud. De esa
manera, el movimiento caótico que nos rodea jamás nos ocultará la puerta de acceso
al manantial de creatividad, al campo de la potencialidad pura.
CÓMO APLICAR LA
LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA
Pondré a funcionar la ley de la.
potencialidad pura comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Me pondré en contacto con el
campo de la potencialidad pura destinando tiempo todos los días a estar en
silencio, limitándome sólo a ser. También me sentaré solo a meditar en silencio
por lo menos dos veces al día, aproximadamente durante treinta minutos por la
mañana y treinta por la noche.
2) Destinaré tiempo todos los
días a estar en comunión con la naturaleza y ser testigo silencioso de la
inteligencia que reside en cada cosa viviente. Me sentaré en silencio a observar
una puesta del sol, o a escuchar el ruido del océano o de un río, o
sencillamente a oler el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio,
y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la
vida, el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.
3) Practicaré el hábito de no
juzgar. Comenzaré cada día diciéndome: "Hoy no juzgaré nada de lo que
suceda", y durante todo el día me repetiré que no debo juzgar.
2
LA LEY DEL DAR
El universo opera
por medio de un intercambio dinámico... Dar y recibir son aspectos diferentes
del flujo de la energía en el universo. Y si estamos dispuestos a dar aquello
que buscamos, mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra
vida.
Este frágil recipiente lo has
vaciado una y otra vez para llenarlo eternamente de vida nueva. Esta pequeña
flauta de caña la has llevado por valles y montañas, soplando a través de ella
melodías siempre nuevas...
Tus dones infinitos vienen a mí
solamente en mis pequeñas manos. Pasan los siglos, y tú continúas vertiendo, y
todavía hay espacio para llenar.
- RABINDRANATH
TAGORE, Gitanjali
La segunda ley espiritual del
éxito es la ley del dar. También podría llamarse la ley del dar y recibir
porque el universo opera a través de un intercambio dinámico. Nada es
estático. Nuestro cuerpo está en intercambio dinámico y constante-con el
cuerpo del universo; nuestra mente mantiene una interacción dinámica con la
mente del cosmos; nuestra energía es una expresión de la energía del cosmos.
El flujo de la vida no es otra
cosa que la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas que
estructuran el campo de la existencia. Esta armoniosa interacción de los
elementos y las fuerzas de la vida opera a través de la ley del dar. Puesto que
nuestro cuerpo, nuestra mente y el universo mantienen un constante y dinámico
intercambio, frenar la circulación de la energía es como frenar el flujo
sanguíneo. Cuando la sangre deja de circular, comienza a coagularse y a
estancarse. Por ello debemos dar y recibir a fin de mantener la riqueza y la
afluencia* - o
cualquier cosa que deseemos en la vida - circulando permanentemente.
La palabra "afluencia"
viene de la raíz latina afflúere que
significa "fluir hacia". La palabra afluencia significa "fluir
en abundancia". El dinero realmente es un símbolo de la energía vital que
intercambiamos, y de la energía vital que utilizamos como consecuencia del
servicio que le * prestamos al universo. Al dinero también se le llama moneda
"corriente", nombre que refleja igualmente la naturaleza fluida de la
energía. La palabra "corriente" viene del latín cúrrere que significa "correr" o "fluir".
Por tanto, si impedimos la
circulación del dinero - si nuestra única intención es acaparar el dinero y
aferrarnos a él -, impediremos también, puesto que el dinero es energía vital,
que éste vuelva a circular en nuestra vida. Para que esa energía fluya
constantemente hacia nosotros, debemos mantenerla en circulación. Al igual que
un río, el dinero debe mantenerse en movimiento, o de lo contrario comienza a
estancarse, a obstruir, a sofocar y a estrangular su propia fuerza vital. La
circulación lo mantiene vivo y vital.
Toda relación es una relación de
dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que
sube debe bajar; lo que se va debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que
dar, porque dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el
universo. Y si detenemos el flujo de alguno de los dos, obstaculizamos la
inteligencia de la naturaleza.
En toda semilla está la promesa
de miles de bosques. Pero la semilla no debe ser acaparada; ella debe dar su
inteligencia al suelo fértil. A través de su acción de dar, su energía
invisible fluye para convertirse en una manifestación material.
Cuanto más demos más recibiremos,
porque mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida. En
realidad, todo lo que tiene valor en la vida se multiplica únicamente cuando es
dado. Lo que no se multiplica a través del dar, ni vale la pena darse, ni vale
la pena recibirse. Si al dar sentimos que hemos perdido algo, el regalo no ha
sido dado en realidad, y entonces no generará abundancia. Cuando damos a regañadientes,
no hay energía detrás de nuestro acto de dar.
Al dar y al recibir, lo más
importante es la intención. La intención debe ser siempre crear felicidad
para quien da y para quien recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la
vida y, por tanto, genera abundancia. La retribución es directamente
proporcional a lo que se da, cuando el acto es incondicional y sale del
corazón. Por eso el acto de dar debe ser alegre - la actitud mental debe ser
tal que se sienta alegría en el acto mismo de dar. De esa manera, la energía
que hay en el acto de dar aumenta muchas veces más.
En realidad, practicar la ley del
dar es muy sencillo: si deseamos alegría, démosles alegría a otros; si
deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio,
aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza
material, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza. En realidad, la manera más
fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que
ellos desean. Este principio funciona igualmente bien para las personas, las
empresas, las sociedades y las naciones. Si deseamos recibir el beneficio de
todas las cosas buenas de la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el
mundo todas las cosas buenas de la vida.
Incluso la sola idea de dar, el
simple deseo, o una sencilla oración, tienen el poder de afectar a los demás.
Esto se debe a que nuestro cuerpo, reducido a su estado esencial, es un haz
individual de energía e información en medio de un universo de energía e
información. Somos haces individuales de conciencia en medio de un universo
consciente. La palabra "conciencia" implica mucho más que energía e
información - implica una energía y una información que viven en forma de
pensamiento. Por tanto, somos haces de pensamiento en medio de un universo pensante.
Y el pensamiento tiene el poder de transformar.
La vida es la danza eterna de la
conciencia, que se manifiesta como un intercambio dinámico de impulsos de
inteligencia entre el microcosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo humano y
el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica.
Cuando aprendemos a dar aquello
que buscamos, activamos esa danza y su coreografía con un movimiento
exquisito, enérgico y vital, que constituye el palpitar eterno de la vida.
La mejor manera de poner a
funcionar la ley del dar - de iniciar todo el proceso de circulación - es
tomando la decisión de que cada vez que entremos en contacto con una persona,
le daremos algo. No es necesario que sean cosas materiales; podría ser una
flor, un cumplido o una oración. En realidad, las formas más poderosas de dar
no son materiales. Obsequios como interesarse, prestar atención, dar afecto,
aprecio y amor, son algunos de los más preciados que se pueden dar, y no
cuestan nada. Cuando nos encontremos con alguien, enviémosle en silencio un
buen deseo por su felicidad, alegría y bienestar. Esta forma de generosidad
silenciosa es muy poderosa.
Una de las cosas que me enseñaron
cuando era niño, y que también les he enseñado a mis hijos, es nunca visitar a
alguien sin llevarle algo - no visitemos nunca a alguien sin llevarle un
regalo. Sin embargo, uno podría preguntarse: "¿Cómo puedo hacerles regalos
a los demás si ahora ni siquiera tengo suficiente para mí?" Podemos
regalar una flor; una sola flor. Podemos llevar una nota o una tarjeta que
exprese algo sobre nuestros sentimientos hacia la persona a quien visitamos.
Podemos llevar un elogio. Podemos llevar una oración.
Tomemos la decisión de dar en
todo lugar a donde vayamos, y a quien quiera que veamos. Mientras estemos
dando, estaremos recibiendo. Cuanto más demos, más confianza tendremos en los
efectos milagrosos de esta ley. Y a medida que recibamos más, también aumentará
nuestra capacidad para dar.
Nuestra verdadera naturaleza es
de prosperidad y abundancia; somos naturalmente prósperos porque la naturaleza
provee a todas las necesidades y deseos. No nos falta nada porque nuestra
naturaleza esencial es la potencialidad pura, las posibilidades infinitas. Por
consiguiente, debemos saber que ya somos intrínsecamente ricos, independientemente
de cuánto dinero tengamos, porque la fuente de toda riqueza es el campo de la
potencialidad pura - es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad,
incluyendo la alegría, el amor, la risa, la paz, la armonía y el conocimiento.
Si vamos en pos de estas cosas primero - no solamente para nosotros mismos,
sino para los demás - todo lo demás nos llegará espontáneamente.
CÓMO APLICAR LA
LEY DEL DAR
Pondré a funcionar la ley del dar
comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Llevaré un regalo a cualquier
lugar a donde vaya y para cualquier persona con quien me encuentre. Ese regalo
puede ser un elogio, una flor o una oración. Hoy les daré algo a todas las
personas con quienes me encuentre, para iniciar así el proceso de poner en
circulación la alegría, la riqueza y la prosperidad en mi vida y en la de los
demás.
2) Hoy recibiré con gratitud
todos los regalos que la vida me dé. Recibiré los obsequios de la naturaleza:
la luz del sol y el canto de los pájaros, o los aguaceros de primavera o las
primeras nevadas del invierno.
También estaré abierto a recibir de los demás, sea un regalo material,
dinero, un elogio o una oración.
3) Me comprometeré a mantener en
circulación la abundancia dando y recibiendo los dones más preciados de la
vida: cariño, afecto, aprecio y amor. Cada vez que me encuentre con alguien,
le desearé en silencio felicidad, alegría y bienestar.
3
Cada acción genera
una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera...
Cosechamos lo que
sembramos.
Y cuando optamos
por acciones que les producen alegría y éxito a los demás, el fruto de nuestro
karma es también alegría y éxito.
El karma es la
afirmación eterna del libre albedrío... Nuestros pensamientos, nuestras
palabras y nuestros actos son los hilos de la red que tendemos a nuestro
alrededor.
SWAMI
VIVEKANANDA
La tercera ley espiritual del
éxito es la ley del karma. El "karma" es a la vez la acción y la
consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda
acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No
es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión
"Cosechamos lo que sembramos". Es obvio que si deseamos crear
felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la
felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones
conscientes.
En esencia, todos somos
escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia
estamos en el campo de todas las posibilidades, donde tenemos acceso a un
número infinito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen
conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor
manera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos
conscientes de las decisiones que tomamos en todo momento.
Sea que nos guste o no nos guste,
todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que
tomamos en el pasado. Infortunadamente, muchos de nosotros escogemos inconscientemente,
y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de opciones;
sin embargo, lo estamos.
Si yo insultara a alguien, lo más
seguro es que esa persona optara por ofenderse. Si yo le hiciera un cumplido,
lo más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero pensemos
en esto: siempre hay una opción. Yo podría insultarla, y esa persona podría
optar por no ofenderse. Yo podría hacerle un cumplido, y ella podría optar por
no permitir que mi elogio la afectara.
En otras palabras, la mayoría de
nosotros - aunque escogedores de opciones infinitas - nos hemos convertido en
haces de reflejos condicionados, los cuales son constantemente provocados por
las personas y las circunstancias, en forma de comportamientos predecibles.
Estos reflejos condicionados son como los de Pávlov. Pávlov se hizo famoso por
demostrar que si se le da algo de comer a un perro cada vez que suena una campana,
pronto el perro comienza a salivar cuando oye la campana, porque asocia un
estímulo al otro.
La mayoría de nosotros, como
consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y
predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. Al parecer, nuestras
reacciones son provocadas automáticamente por las personas y por las
circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos
en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas
opciones inconscientemente.
Si nos detenemos un momento y
observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en que las
escogemos, ese simple acto de convertirnos en espectadores nos permite sacar
todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la
conciencia. Este procedimiento de elección y de observación conscientes da
mucho poder.
Cuando hagamos una elección -
cualquier elección - hagámonos dos preguntas. En primer lugar: "¿Cuáles
son las consecuencias de escoger este camino?" El corazón nos lo dirá
inmediatamente. Y en segundo lugar: "¿Traerá esta decisión que estoy
tomando felicidad para mí y para quienes me rodean?" Si la respuesta es
afirmativa, sigamos adelante. Si la respuesta es negativa, si se trata de una
opción que nos traerá sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean,
abstengámonos de escoger ese camino. Es así de sencillo. Solamente hay una
opción, entre el número infinito de opciones que se presentan a cada segundo,
que puede traernos felicidad a nosotros y a quienes nos rodean. Elegir esta
opción produce una forma de comportamiento que se conoce con el nombre de
acción correcta espontánea. La acción correcta espontánea es la acción
apropiada que se toma en el momento oportuno. Es la respuesta correcta a cada
situación, en el momento en que se presenta. Es la acción que nos nutre, a
nosotros y a todas las demás personas a quienes ella afecta.
El universo tiene un mecanismo
muy interesante para ayudarnos a tomar decisiones correctas espontáneamente.
Este mecanismo se relaciona con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de
dos tipos: de bienestar o de malestar. En el instante mismo en que estemos
tomando una decisión conscientemente, prestemos atención a nuestro cuerpo y
preguntémosle: "¿Qué pasa si opto por esto?" Si el cuerpo nos envía
un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar,
entonces no es el camino apropiado.
Algunas personas sienten el
mensaje de bienestar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor
parte de la gente lo siente en el área del corazón. Prestemos conscientemente
atención al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Después esperemos la
respuesta - una respuesta física en forma de sensación. Podrá estar en el
nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nuestro cuerpo.
Sólo el corazón sabe la respuesta
correcta. La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensiblero y
sentimental, pero no es así. El corazón es intuitivo; es holístico, es
contextual, es relacional. No se orienta a perder o a ganar. Tiene acceso al
computador cósmico - el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y
del infinito poder organizador - y toma todo en cuenta. En algunas ocasiones,
quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación
es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se
encuentre dentro de los límites del pensamiento racional.
Podemos utilizar la ley del karma
para crear dinero y abundancia, y hacer que todas las cosas buenas fluyan
hacia nosotros cuando lo deseemos. Pero primero debemos tomar conciencia de que
el futuro es el producto de las decisiones que tomamos en cada momento de
nuestra vida. Si hacemos esto con regularidad, estaremos utilizando plenamente
la ley del karma. Cuanto más traigamos nuestras decisiones al plano de la
conciencia, más podremos escoger aquellas opciones que sean correctas
espontáneamente - tanto para nosotros como para quienes nos rodean.
¿Qué pasa con el karma del pasado
y cómo influye en nosotros ahora? Con respecto al karma pasado, se pueden hacer
tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. La mayoría de la gente
escoge hacer esto - inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser
nuestra opción. Algunas veces, el pago de esas deudas implica mucho
sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una
deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un
intercambio constante, de un lado a otro, de energía.
La segunda posibilidad es
transformar o convertir el karma en una experiencia más deseable. Éste es un
proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda
kármica: "¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está
sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme?
¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres
humanos?"
Haciendo esto, buscamos el
principio de la oportunidad, para luego unirlo con nuestro dharma, o sea el
propósito de nuestra vida, del cual hablaremos en la séptima ley espiritual del
éxito. Esto nos permite convertir el karma en una nueva experiencia.
Si, por ejemplo, nos fracturamos
una pierna practicando un deporte, podríamos preguntarnos: "¿Qué puedo
aprender de esta experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de
comunicarme?" Quizás el mensaje sea que necesitamos tomar las cosas con
calma y tener más cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez.
Y si nuestro dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al
preguntarnos: "¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis
congéneres los seres humanos?", podríamos optar por compartir lo que
aprendimos escribiendo un libro sobre la manera de practicar deportes sin riesgo;
o podríamos diseñar un zapato especial o un protector para las piernas que
evitara ese tipo de lesión.
De este modo, a la vez que
pagamos nuestra deuda kármica, habremos convertido la adversidad en un
beneficio que puede traernos riqueza y realización. En eso consiste la
transformación del karma en una experiencia positiva. En realidad, no nos hemos
librado de nuestro karma, pero podemos aprovechar un episodio kármico para
crear un karma nuevo y positivo a partir de él.
La tercera manera de enfrentar el
karma es trascendiéndolo. Trascender el karma es independizarse de él. La
manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la
conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en
una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas manchas, y si
se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el
karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está,
se hace mediante la práctica de la meditación.
Todos los actos son episodios
kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. Esa acción genera
recuerdo, y el recuerdo tiene la capacidad o la potencia de generar deseo, y
el deseo genera nuevamente una acción. El sistema operacional del alma consta
de karma, recuerdo y deseo. El alma es un haz de conciencia en el cual residen
las semillas del karma, el recuerdo y el deseo. Cuando tomamos conciencia de
esto, nos convertimos en generadores de realidad conscientes. Tomando
conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que encierran
un proceso de evolución tanto para nosotros como para todos los que nos
rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer.
Mientras el karma sea evolutivo -
tanto para el yo como para todos los afectados por el yo - los frutos del karma
serán la felicidad y el éxito.
CÓMO APLICAR LA
LEY DEL "KARMA" O DE CAUSA Y EFECTO
Pondré a funcionar la ley del
karma comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy observaré las decisiones
que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones,
las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para
cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.
2) Siempre que haga una elección
me formularé dos preguntas: "¿Cuáles son las consecuencias de esta
decisión?" y "¿Traerá esta decisión felicidad y realización tanto
para mí como para aquellos a quienes afectará?"
3) Después le pediré orientación
a mi corazón, y me dejaré guiar por su mensaje de bienestar o de malestar. Si
me siento a gusto con la decisión, seguiré adelante sin temor. Si la decisión
me produce malestar, me detendré a mirar las consecuencias de mi acción con mi
visión interior. Esta orientación me permitirá tomar espontáneamente
decisiones correctas tanto para mí como para todos los que me rodean.
4
La inteligencia de
la naturaleza funciona con toda facilidad... con despreocupación, con armonía y
con amor.
Y cuando aprovechamos las fuerzas
de la armonía, la alegría y el amor, creamos éxito y buena fortuna con gran
facilidad.
Un ser integral conoce sin viajar, ve sin mirar, y realiza sin hacer.
Lao-TSE
La cuarta ley espiritual del
éxito es la ley del menor esfuerzo. Esta ley se basa en el hecho de que la
inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación.
Ése es el principio de la menor acción, de la no resistencia. Por
consiguiente, es el principio de la armonía y el amor. Cuando aprendemos esta
lección que nos enseña la naturaleza, satisfacemos con facilidad nuestros
deseos.
Si observamos la naturaleza,
veremos que ella utiliza un esfuerzo mínimo para funcionar. La hierba no tiene
que hacer ningún esfuerzo para crecer; sencillamente, crece. Los peces no se
esfuerzan para nadar; sencillamente, nadan. Las flores no hacen ningún
esfuerzo para abrirse; sencillamente, se abren. Las aves no se esfuerzan para
volar; sencillamente, vuelan. Ésa es su naturaleza intrínseca.
En la ciencia védica, la
filosofía milenaria de
La inteligencia de la naturaleza
funciona sin esfuerzo, sin resistencia, espontáneamente. No es lineal; es
intuitiva, holística y estimulante. Y cuando estamos en armonía con la
naturaleza, cuando estamos seguros del conocimiento de nuestro verdadero yo,
podemos utilizar la ley del menor esfuerzo.
Es mínimo el esfuerzo que hacemos
cuando nuestros actos brotan del amor, porque es la energía del amor la que
aglutina la naturaleza. Cuando tratamos de conseguir el poder para controlar a
los demás, gastamos energía. Cuando buscamos el dinero o el poder para
satisfacer al ego, gastamos energía persiguiendo la ilusión de la felicidad,
en lugar de disfrutar la felicidad del momento. Cuando anhelamos el dinero
para beneficio personal únicamente, cortamos el flujo de energía hacia
nosotros e impedimos la expresión de la inteligencia de la naturaleza. Pero
cuando nuestras actuaciones nacen del amor, no hay desperdicio de energía.
Cuando nuestros actos brotan del amor, la energía se multiplica y se acumula -
y el exceso de energía que recogemos y disfrutamos puede canalizarse para
crear cualquier cosa que deseemos, incluida la riqueza sin límites.
Podemos considerar el cuerpo como
un aparato para controlar la energía: puede generar, almacenar y gastar
energía. Si sabemos cómo generar, almacenar y gastar la energía de una manera
eficiente, podemos crear cualquier cantidad de riqueza. Fijar nuestra atención
en el ego consume la mayor parte de la energía. Cuando nuestro punto interno
de referencia es el ego, cuando buscamos poder y control sobre los demás, o la
aprobación del resto del mundo, desperdiciamos nuestra energía.
Sin embargo, cuando liberamos esa
energía podemos recanalizarla para crear cualquier cosa que deseemos. Cuando
nuestro punto interno de referencia es nuestro espíritu, cuando nos volvemos
inmunes a la crítica y perdemos el temor a los desafíos, podemos aprovechar el
poder del amor y utilizar creativamente la energía para vivir la abundancia y
la evolución.
En El arte de soñar, don Juan le
dice a Carlos Castañeda: "Gastamos la mayor parte de nuestra energía
sosteniendo nuestra importancia... Si pudiéramos perder parte de esa
importancia, nos sucederían dos cosas extraordinarias. Una, liberaríamos la
energía que se mantiene atada alimentando la idea ilusoria de nuestra
grandeza; y dos, nos proveeríamos de suficiente energía para ... vislumbrar la
grandeza real del universo".
La ley del menor esfuerzo tiene
tres componentes - tres cosas que podemos hacer para poner en funcionamiento
este principio de "hacer menos para lograr más". El primer
componente es la aceptación. Aceptar significa sencillamente contraer un
compromiso: "Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las
circunstancias y los hechos tal como se presenten". Eso significa que
sabremos que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como
debe ser. Este momento - el que estamos viviendo ahora mismo - es la
culminación de todos los momentos que hemos vivido en el pasado. Este momento
es como es porque todo el universo es como es.
Cuando luchamos contra este
momento, en realidad luchamos contra todo el universo. En lugar de eso,
podemos tomar la decisión de no luchar hoy contra todo el universo, no
luchando contra este momento. Eso significa que nuestra aceptación de este
momento es total y completa. Aceptamos las cosas como son, no como quisiéramos
que fueran, en este momento. Es importante comprender esto: podemos desear que
las cosas sean diferentes en el futuro, pero en este momento debemos aceptarlas
como son.
Cuando nos sintamos frustrados o
estemos molestos a causa de una persona o una situación, recordemos que nuestra
reacción no es contra la persona o la situación, -sino contra nuestros sentimientos
acerca de esa persona o esa situación. Ésos son nuestros sentimientos, y nadie
tiene la culpa de ellos. Cuando reconozcamos y comprendamos esto plenamente,
estaremos listos para asumir la responsabilidad de lo que sentimos y para
cambiarlo. Y si podemos aceptar las cosas como son, estaremos listos para
asumir la responsabilidad de nuestra situación y de todos los sucesos que
percibimos como problemas.
Esto nos lleva al segundo
componente de la ley del menor esfuerzo: la responsabilidad. ¿Qué significa
responsabilidad? Significa no culpar a nadie o a nada - ni siquiera a nosotros
mismos - de nuestra situación. Una vez aceptado un suceso, un problema o una
circunstancia, responsabilidad significa la capacidad de tener una respuesta
creativa a la situación tal como es en este momento. En todos los problemas hay
un principio de oportunidad, y esta conciencia nos permite aprovechar el
momento y transformarlo en una situación o una cosa mejor.
Cuando hacemos esto, toda
situación supuestamente enojosa se convertirá en una oportunidad para crear
algo nuevo y bello; y todo supuesto torturador o tirano se convertirá en
maestro. La realidad es una interpretación. Y si optamos por interpretar la
realidad de esta manera, tendremos muchos maestros a nuestro alrededor, y
muchas oportunidades para evolucionar.
Siempre que enfrentemos a un
tirano, torturador, maestro, amigo o enemigo (todos son la misma cosa),
recordemos: "Este momento es como debe ser". Cualesquiera que sean
las relaciones que tengamos en este momento de nuestra vida, son precisamente
las que necesitamos en este momento. Hay un significado oculto detrás de todos
los acontecimientos, y ese significado oculto está trabajando a favor de
nuestra evolución.
El tercer componente de la ley
del menor esfuerzo es asumir una actitud no defensiva, lo que significa que
nuestra conciencia abandona su actitud defensiva y nosotros renunciamos a la necesidad
de convencer o persuadir a los demás de que nuestro punto de vista es el
correcto. Si observamos a las personas que nos rodean, veremos que ellas pasan
el noventa y nueve por ciento del tiempo defendiendo sus puntos de vista. Si
sencillamente renunciamos a la necesidad de defender nuestro punto de vista, a
través de esa renuncia lograremos acceso a una cantidad enorme de energía que
anteriormente desperdiciábamos.
Cuando estamos a la defensiva,
cuando culpamos a los demás y no aceptamos ni nos rendimos ante el momento,
nuestra vida se llena de resistencia. Cada vez que encontremos resistencia,
reconozcamos que forzar la situación sólo aumentará la resistencia. No es
bueno alzarse rígido como un gran roble que se agrieta y sucumbe a la
tempestad; al contrario, debemos tratar de ser flexibles como la caña que se
dobla en la tormenta y sobrevive.
Desistamos completamente de
defender nuestro punto de vista. Cuando no hay un punto que defender, no puede
haber discusión. Si hacemos esto constantemente - si dejamos de luchar y de
resistirnos - viviremos plenamente el presente, el cual es un regalo. Alguien
me dijo una vez que "el pasado es historia, el futuro es un misterio, y
este momento es un regalo. Por esa razón este momento se denomina «el
presente»".
Si abrazamos el presente y nos
volvemos uno con él, si nos fusionamos con él, sentiremos un fuego, un brillo,
una chispa de energía palpitando en cada ser consciente. A medida que experimentemos
este júbilo del espíritu en cada ser vivo, cuando entremos en intimidad con él,
la dicha nacerá en nuestro interior y podremos deshacernos de las terribles
cargas y molestias de la actitud defensiva, el resentimiento y el rencor. Sólo
entonces nos sentiremos despreocupados, festivos, alegres y libres.
En medio de esta libertad alegre
y sencilla, sabremos sin duda en nuestro corazón que lo que deseemos estará
disponible para nosotros cuando lo deseemos, porque nuestro deseo vendrá del nivel
de la felicidad, y no del nivel de la ansiedad o el temor. No necesitamos
justificarnos; simplemente declaremos nuestro propósito ante nosotros mismos,
y experimentaremos realización, deleite, alegría, libertad y autonomía en
todos los momentos de nuestra vida.
Comprometámonos a seguir el
camino de la no resistencia. Ése es el camino a través del cual la inteligencia
de la naturaleza se desarrolla espontáneamente, sin resistencia ni esfuerzo.
Cuan
do alcancemos esa deliciosa
combinación de aceptación, responsabilidad e indefensión, sentiremos la
facilidad con que fluye la vida.
Si permanecemos abiertos a todos
los puntos de vista - no aferrados rígidamente a uno -, nuestros sueños y
nuestros deseos fluirán con los deseos de la naturaleza. Entonces podremos liberar
nuestros deseos sin apego, y después sólo esperar el momento propicio para que
florezcan convertidos en realidad. Podemos estar seguros de que cuando el
momento sea el indicado, nuestros deseos se cumplirán. Ésa es la ley del menor
esfuerzo.
CÓMO APLICAR LA
LEY DEL MENOR ESFUERZO
Pondré a funcionar la ley del
menor esfuerzo comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Practicaré la aceptación. Hoy
aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal
como se presenten. Sabré que este momento es como debe ser, porque todo el
universo es como debe ser. No lucharé contra todo el universo poniéndome en
contra del momento presente. Mi aceptación es total y completa. Acepto las
cosas como son en este momento, no como me gustaría que fueran.
2) Habiendo aceptado las cosas
como son, aceptaré la responsabilidad de mi situación y de todos los sucesos
que percibo como problemas. Sé que asumir la responsabilidad significa no
culpar a nada ni a nadie de mi situación (y eso me incluye a mí). También sé
que todo problema es una oportunidad disfrazada, y que esta actitud de alerta
ante todas las oportunidades me permite transformar este momento en un
beneficio mayor.
3) Hoy mi conciencia mantendrá
una actitud no defensiva. Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de
vista. No sentiré la necesidad de convencer o persuadir a los demás de que
acepten mi punto de vista. Permaneceré abierto a todas las opiniones sin
aferrarme rígidamente a ninguna de ellas.
5
Inmanente en toda
intención y en todo deseo está el mecanismo para su realización... la intención
y el deseo en el campo de la potencialidad pura tienen un infinito poder
organizador.
Y cuando introducimos una
intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar para
nosotros ese infinito poder organizador.
En el principio era
el deseo, primera semilla de la mente; los sabios, habiendo meditado en su
corazón, descubrieron por su sabiduría la conexión entre lo existente y lo
inexistente.
- Himno de
La quinta ley espiritual del
éxito es la ley de la intención y el deseo. Esta ley se basa en el hecho de
que la energía y la información existen en todas partes en la naturaleza. En
efecto, a nivel del campo cuántico solamente hay energía e información. Campo
cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de
la potencialidad pura. Y en este campo cuántico influyen la intención y el
deseo. Examinemos este proceso en detalle.
Cuando una flor, un arco iris, un
árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descomponen en sus partes
esenciales, vemos que éstas son energía e información. Todo el universo, en su
naturaleza esencial, es el movimiento de la energía y la información. La única
diferencia entre nosotros y un árboles el contenido de información y de energía
de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano material, tanto
nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados:
principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en
cantidades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un laboratorio.
Por tanto, la diferencia entre nosotros y el árbol no reside en el carbono, o
en el hidrógeno o en el oxígeno. De hecho, nosotros y el árbol intercambiamos
constantemente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La verdadera diferencia
entre los dos está en la energía y en la información.
En el orden general de la
naturaleza, nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una especie
privilegiada. Tenemos un sistema nervioso capaz de tomar conciencia del
contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a
nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo subjetivamente en forma de
pensamientos, sentimientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos
y creencias. Este mismo campo es percibido objetivamente como el cuerpo físico
- y por medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está
hecho de lo mismo. Por eso los antiguos videntes exclamaban: "Yo soy eso,
usted es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe".
Nuestro cuerpo no es
independiente del cuerpo del universo, porque al nivel de la mecánica cuántica
no existen fronteras bien definidas. Somos como una onda, una ola, una
fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturbación localizada en
un campo cuántico más grande. Ese campo cuántico más grande - el universo -
es nuestro cuerpo ampliado.
El sistema nervioso humano no
solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de su
propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es infinitamente
flexible a través de ese maravilloso sistema nervioso, podemos cambiar
conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo
físico. Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de
información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, por tanto, influir
en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado - nuestro
entorno, el mundo - y hacer que sucedan cosas en él.
Este cambio consciente se logra a
través de las dos cualidades inherentes a la conciencia: la atención y la
intención. La atención da energía, y la intención transforma. Cualquier cosa a
la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier
cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y
desaparecerá. Por otro lado, la intención estimula la transformación de la
energía y de la información. La intención organiza su propia realización.
El acto de dirigir la intención
sobre el objeto de la atención desencadenará una infinidad de sucesos
espacio-temporales orientados a producir el resultado buscado, siempre y cuando
que uno cumpla las otras leyes espirituales del éxito. Esto se debe a que la
intención, dirigida sobre el campo fértil de la atención, tiene un infinito
poder organizador. Infinito poder organizador significa poder para organizar
una infinidad de sucesos espacio-temporales, todos al mismo tiempo. Vemos la
expresión de este infinito poder organizador en cada hoja de hierba, en cada
flor de manzano, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo vemos en todo lo que
vive.
En el orden general de la
naturaleza, todo se conecta y se correlaciona con todo lo demás. Cuando la
marmota sale de su madriguera subterránea, sabemos que se avecina la
primavera. Las aves comienzan a migrar en cierta dirección en determinada época
del año. La naturaleza es una sinfonía. Y esa sinfonía es orquestada en
silencio desde el fundamento último de la creación.
El cuerpo humano es otro buen
ejemplo de esta sinfonía. Una sola célula del cuerpo humano realiza cerca de
seis billones de funciones por segundo, y debe saber lo que todas las demás
células están haciendo al mismo tiempo. El cuerpo humano puede tocar un
instrumento musical, matar gérmenes, hacer un bebé, recitar poesías y observar
el movimiento de las estrellas, todo al mismo tiempo, porque el campo de la
correlación infinita es parte de su campo de información.
Lo que es asombroso acerca del
sistema nervioso de la especie humana es que puede gobernar ese infinito
poder organizador a través de la intención consciente. En la especie humana, la
intención no está fija o encerrada en una red rígida de energía e información.
Tiene una flexibilidad infinita. En otras palabras, mientras no infrinjamos
las otras leyes de la naturaleza, a través de nuestra intención podemos,
literalmente, dirigir las leyes de la naturaleza para convertir en realidad
nuestros sueños y nuestros deseos.
Podemos poner a trabajar para
nosotros al computador cósmico, con su infinito poder organizador. Podemos ir
hasta ese fundamento último de la creación e introducir una intención, y con
sólo hacerlo, activar el campo de la correlación infinita.
La intención sienta las bases
para el flujo fácil, espontáneo y suave de la potencialidad pura, que busca
pasar de lo inmanifiesto a lo manifiesto. La única advertencia es que
utilicemos nuestra intención para beneficio de la humanidad; pero eso es algo
que sucede espontáneamente cuando uno está alineado con las siete leyes espirituales
del éxito.
La intención es el verdadero
poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin
apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos
es atención con apego. La intención es desear respetando estrictamente todas
las demás leyes, pero en particular la sexta ley espiritual del éxito: la ley
del desapego.
La intención, combinada con el
desapego, lleva a una conciencia del momento presente centrada en la vida. Y
cuando la acción se realiza teniendo conciencia del momento presente, su
eficacia es máxima. La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en
el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención hacia el
futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el
presente tal como es. Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El futuro
es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada, pero
nunca debemos luchar contra el presente.
El pasado, el presente y el
futuro son propiedades de la conciencia. El pasado es recuerdo, memoria; el
futuro es expectación; el presente es conciencia. Por consiguiente, el tiempo
es el movimiento del pensamiento. Tanto el pasado como el futuro nacen en la
imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno.
Lo es. Es la potencialidad para el mundo del espacio y el tiempo, la materia y
la energía. Es un
campo eterno de posibilidades que
se experimenta a sí mismo en forma de fuerzas abstractas, trátese de la luz,
el calor, la electricidad, el magnetismo o la gravedad. Estas fuerzas no están
ni en el pasado ni en el futuro; sencillamente son.
Nuestra interpretación de estas
fuerzas abstractas hace posible que tengamos la experiencia de los fenómenos
concretos. Las interpretaciones que recordamos de las fuerzas abstractas crean
la experiencia del pasado, mientras que las que anticipamos crean el futuro.
Ellas son las cualidades de la atención en la conciencia. Cuando estas cualidades
se liberan de la carga del pasado, la acción en el presente se convierte en
suelo fértil para la creación del futuro.
La intención, apoyada en esta
libertad indiferente del presente, actúa como catalizador para la mezcla
correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier
cosa que deseemos.
Si tenemos conciencia del momento
presente centrada en la vida, entonces los obstáculos imaginarios - los cuales
constituyen más del noventa por ciento de los obstáculos percibidos - se
desintegran y desaparecen. El restante cinco a diez por ciento de los
obstáculos percibidos se pueden convertir en oportunidades por medio de la
intención focalizada.
La intención focalizada es la
atención que no se aparta de su propósito. Tener una intención focalizada
significa mantener nuestra atención en el resultado que perseguimos, con un
propósito tan inflexible que impida completamente que cualquier obstáculo
consuma o disipe la concentración de nuestra atención. Se eliminan de la
conciencia todos los obstáculos, de manera total y completa. Así podemos
mantener una serenidad inconmovible, a la vez que mantenemos con pasión
intensa el compromiso con nuestro objetivo. Éste es, simultáneamente, el poder
de la conciencia sin apego y la intención focalizada.
Aprendamos a aprovechar el poder
de la intención, y podremos crear cualquier cosa que deseemos. Todavía será
posible obtener resultados a través del esfuerzo y la constancia, pero a un precio;
ese precio puede ir desde la tensión emocional hasta una enfermedad cardíaca o
un trastorno de la función del sistema inmunológico. Es mucho mejor dar los
siguientes cinco pasos para poner en práctica la ley de la intención y el deseo.
Cuando sigamos estos cinco pasos para cumplir nuestros deseos, la intención
generará su propio poder.
1) Entremos en el espacio de la
conciencia pura. Eso significa ubicarnos en medio de ese espacio silencioso que
hay entre los pensamientos, entrar en el silencio - ese nivel de sólo ser que
es nuestro estado esencial.
2) Una vez establecidos en ese
estado de sólo ser, liberemos nuestras intenciones y nuestros deseos. Cuando
uno está realmente en ese espacio, no hay pensamiento, no hay intención; pero
en cuanto sale de él - en esa unión entre el espacio silencioso y un
pensamiento - es posible introducir la intención. Si tenemos una serie de
metas, escribámoslas y concentremos nuestra intención en ellas antes de entrar
en el espacio silencioso. Si deseamos una carrera de éxito, por ejemplo,
debemos entrar en el espacio silencioso con esa intención, y así la intención
ya estará allí como una tenue llama vacilante en nuestra conciencia. Liberar
las intenciones y los deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo
fértil de la potencialidad pura y esperar a que florezcan en el momento propicio.
No es conveniente desenterrar las semillas de los deseos para ver si están
creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como deberán desarrollarse. Lo
único que hay que hacer es dejarlas libres.
3) Permanezcamos en el estado de
auto-referencia. Esto significa permanecer establecidos en la conciencia de
nuestro verdadero yo - nuestro espíritu, nuestra conexión con el
campo de la potencialidad pura. También
significa no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o
dejarnos influir por las opiniones y las críticas de los demás. Una buena
manera de mantener el estado de autoreferencia es no divulgar nuestros deseos;
no compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los
mismos deseos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte.
4) Renunciemos a nuestro apego al
resultado. Esto significa renunciar a nuestro rígido interés por un resultado
específico y vivir en la sabiduría de la incertidumbre. Significa disfrutar
cada momento de la jornada de la vida, aunque desconozcamos el desenlace.
5) Dejemos que el universo se
encargue de los detalles. Nuestras intenciones y nuestros deseos, una vez
liberados en el espacio silencioso, tienen un infinito poder organizador.
Confiemos en que ese infinito
poder organizador de la intención orquestará todos los detalles por nosotros.
Recordemos que nuestra verdadera
naturaleza es el espíritu puro. Llevemos la conciencia de este espíritu a
donde quiera que vayamos, liberemos suavemente nuestros deseos, y el universo
manejará los detalles por nosotros.
CÓMO APLICAR LA
LEY DE LA
INTENCIÓN Y EL DESEO
Pondré a funcionar la ley de la
intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Haré una lista de todos mis
deseos, y la llevaré a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar
en mi silencio y mi meditación. La miraré antes de dormir por la noche. La
miraré al despertar por la mañana.
2) Liberaré esta lista de mis
deseos y la entregaré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca
que las cosas no están saliendo bien, hay una razón, y en que el plan cósmico
tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.
3) Recordaré practicar la
conciencia del momento presente en todos mis actos. No permitiré que los
obstáculos consuman o disipen la concentración de mi atención en el momento
presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de
mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.
6
La sabiduría de la incertidumbre
reside en el desapego... en la sabiduría de la incertidumbre reside la
liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento
anterior.
Y en nuestro deseo de ir hacia lo
desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente
creativa, que orquesta la danza del universo.
Como dos aves
doradas posadas en el mismo árbol, el ego y el yo, íntimos amigos, viven en el
mismo cuerpo. El primero come los frutos dulces y amargos del árbol de la
vida., mientras que el segundo observa con indiferencia.
-
Upanishad Mundaka
-
La sexta ley espiritual del éxito
es la ley del desapego. Esta ley dice que para adquirir cualquier cosa en el
universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa
que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la
intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado.
Es grande el poder que se deriva
de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando
al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que
deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego,
porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero
yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad - y la
necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo.
La fuente de la abundancia, de la
riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que
sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo: vehículos,
casas, cheques, ropa, aviones. Los símbolos son transitorios; llegan y se van.
Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es
algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por
dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.
El apego es producto de la
conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El
desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la
libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener
alegría y felicidad. Entonces,
los símbolos de la riqueza
aparecen espontáneamente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisioneros del
desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales,
la desesperación silenciosa y la gravedad - características distintivas de una
existencia mediocre y una conciencia de la pobreza.
La verdadera conciencia de la
riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo
deseamos, y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es
necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la
incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.
La gente busca constantemente
seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad
algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad. Uno
podría decir: "Me sentiré seguro cuando tenga X cantidad de dinero porque
entonces tendré independencia económica y podré jubilarme. Y entonces haré
todo lo que he querido hacer siempre". Pero eso es algo que nunca sucede -
que nunca llega.
Quienes buscan la seguridad la
persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva
y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al
dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el
banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más
inseguras.
La búsqueda de la seguridad es
una ilusión. Según las antiguas tradiciones de sabiduría, la solución de todo
este dilema reside en la sabiduría de la inseguridad o la sabiduría de la
incertidumbre. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en
realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el
pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento
anterior. Allí no hay evolución -absolutamente ninguna evolución. Y cuando no
hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la
decadencia.
La incertidumbre, por otra parte,
es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es
penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido
es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre
abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo
desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos
en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de
ayer.
Renunciemos a nuestro apego a lo
conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas
las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel
en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada
momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que experimentaremos
la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de
nuestro propio espíritu.
Cada día podemos buscar la
emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades. Si nos
sentimos inseguros, estamos en el camino correcto - no nos demos por vencidos.
En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos
la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que
ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un
enorme abanico de posibilidades.
Una de las características del
campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede
orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el
resultado esperado. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una
forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la
espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos
apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa
flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que
obstaculiza el proceso total de la creación.
La ley del desapego no
obstaculiza la ley de la intención y el deseo - la fijación de metas. Siempre
tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos
una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de
posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección
en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante.
Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los
problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades.
La ley del desapego acelera el
proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos
obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las
soluciones, solamente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra
atención en la incertidumbre y la observamos mientras esperamos ansiosamente a
que la solución surja de entre el caos y la confusión, entonces surgirá algo
fabuloso y emocionante.
Cuando este estado de vigilancia
- nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre - se
suma a nuestra meta y a nuestra intención, nos permite aprovechar la oportunidad.
¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida.
Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad
para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abriremos
a toda una gama de posibilidades - lo cual mantendrá vivos el misterio, el
asombro, la emoción y la aventura.
Podremos ver cada problema de la
vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la
sabiduría de la incertidumbre, podremos permanecer alerta a las oportunidades.
Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la
solución aparecerá espontáneamente.
Lo que resulta de esto es lo que
denominamos comúnmente "buena suerte". La buena suerte no es otra
cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad. Cuando los dos
se mezclan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae
beneficio y evolución para nosotros y para todos los que nos rodean. Ésta es
la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.
CÓMO APLICAR LA
LEY DEL DESAPEGO
Pondré a funcionar la ley del
desapego comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy me comprometeré con el
desapego. Me permitiré y les permitiré a los que me rodean la libertad de ser
como somos. No impondré tercamente mi opinión de cómo deben ser las cosas. No
forzaré las soluciones de los problemas, y, por tanto, no crearé con eso otros
nuevos. Participaré en todo con absoluto desprendimiento.
2) Hoy convertiré a la
incertidumbre en un elemento esencial de mi experiencia. Y gracias a esa
disponibilidad para aceptar la incertidumbre, las soluciones surgirán
espontánea
mente de los problemas, de la
confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas,
más seguro me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad.
Por medio de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad.
3) Penetraré en el campo de todas
las posibilidades y esperaré la emoción que tiene lugar cuando me mantengo
abierto a una infinidad de alternativas. Cuando entre en el campo de todas
las posibilidades, experimentaré todo el regocijo, la aventura, la magia y el
misterio de la vida.
7
Todo el mundo tiene un propósito
en la vida... un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y
cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos
el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de
todas las metas.
Cuando trabajas, eres como una
flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en
música... ¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de
tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela...
- KHALIL
GIBRAN, El profeta
La séptima ley espiritual del
éxito es la ley del dharma. "Dharma" es un vocablo sánscrito que
significa "propósito en la vida". Esta ley dice que nos hemos
manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad
pura es la divinidad en su esencia, y la divinidad adopta la forma humana para
cumplir un propósito.
De acuerdo con esta ley, cada uno
de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una
cosa que cada individuo puede hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo
- y por cada talento único y por cada expresión única de dicho talento,
también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con
la expresión creativa de nuestro talento, se produce la chispa que crea la
abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer necesidades, crea
riqueza y abundancia sin límites.
Si pudiéramos enseñarles a los
niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efecto que esto
tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra
vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían
descubrir esa razón por sí mismos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro
años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y
les dije: "No quiero que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si
cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de
manera que no se preocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los
mejores de la escuela, en obtener las mejores notas o en ir a la mejor
universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en preguntarse a
sí mismos cómo pueden servir a la humanidad y cuáles son sus talentos únicos.
Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una
manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más". Mis hijos
acabaron estudiando en las mejores escuelas, obteniendo las mejores notas e
incluso en la universidad son los únicos que son económicamente
autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el
cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma.
La ley del dharma tiene tres
componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir
su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual
y que somos en esencia seres espirituales que han adoptado una forma física
para manifestarse. No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales
ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen
experiencias humanas ocasionales.
Cada uno de nosotros está aquí
para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de
cumplir la ley del dharma. Debemos descubrir por nuestra cuenta que dentro de
nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar
nuestra divinidad.
El segundo componente de la ley
del dharma es la expresión de nuestro talento único. La ley del dharma dice que
todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un talento
tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese
talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que
podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra
persona, en este planeta. Cuando estamos desarrollando esa actividad, perdemos
la noción del tiempo. La expresión de ese talento único - o más de uno, en
muchos casos - nos introduce en un estado de conciencia atemporal.
El tercer componente de la ley
del dharma es el servicio a la humanidad - servir a los demás seres humanos y
preguntarse: "¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas
con quienes tengo contacto?" Cuando combinamos la capacidad de expresar
nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la ley
del dharma. Y cuando unimos esto al conocimiento de nuestra propia
espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tengamos
acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr
la abundancia.
Y no se trata de una abundancia
transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra
manera de expresarlo y de nuestro servicio y dedicación a los demás seres humanos,
que descubrimos preguntando: "¿Cómo puedo ayudar?", en lugar de:
"¿Qué gano yo con eso?"
La pregunta "¿Qué gano yo
con eso?" es el diálogo interno del ego. La pregunta "¿Cómo puedo
ayudar?" es el diálogo interno del espíritu. El espíritu es ese campo de
la conciencia en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar
el diálogo interno y no preguntar "¿Qué gano yo con eso?" sino
"¿Cómo puedo ayudar?", automáticamente vamos más allá del ego para entrar
en el campo del espíritu. Y aunque la meditación es la manera más fácil de
entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo
interno de esta manera también nos brinda acceso al espíritu, ese campo de la
conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.
Si deseamos utilizar al máximo la
ley del dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas:
Primer compromiso: Por medio de
la práctica espiritual buscaremos nuestro yo superior, el cual está más allá de
nuestro ego.
Segundo compromiso: Descubriremos
nuestros talentos únicos, y después de descubrirlos disfrutaremos de la vida,
porque el proceso del gozo tiene lugar cuando entramos en la conciencia
atemporal. En ese momento, estaremos en un estado de dicha absoluta.
Tercer compromiso: Nos
preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos servir a la humanidad.
Responderemos esa pregunta, y luego pondremos la respuesta en práctica.
Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a las necesidades de
nuestros congéneres los seres humanos; combinaremos esas necesidades con
nuestro deseo de ayudar y servir a los demás.
Hagamos una lista de nuestras
respuestas a estas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no tuviera que preocuparme
por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el tiempo y el dinero del mundo?
Si de todas maneras quisiéramos seguir haciendo lo que hacemos ahora, es porque
estamos en dharma, porque sentimos pasión por lo que hacemos, porque estamos
expresando nuestros talentos únicos. La segunda pregunta es: "¿Cuál es la
mejor manera en que puedo servir a la humanidad?" Respondamos esa
pregunta y pongamos la respuesta en práctica.
Descubramos nuestra divinidad,
encontremos nuestro talento único y sirvamos a la humanidad con él; de esa
manera podremos generar toda la riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresiones
creativas concuerden con las necesidades del prójimo, la riqueza pasará
espontáneamente de lo inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíritu al
mundo de la forma. Comenzaremos a experimentar la vida como una expresión
milagrosa de la divinidad - no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos
la alegría verdadera y el significado real del éxito - el éxtasis y el júbilo
de nuestro propio espíritu.
CÓMO APLICAR LA
LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA
Pondré a funcionar la ley del
dharma comprometiéndome a hacer lo siguiente:
1) Hoy cultivaré con amor al dios
en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu
interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud
profunda del interior de mi corazón. Mantendré la conciencia del ser atemporal
y eterno, en medio de la experiencia limitada por el tiempo.
2) Haré una lista de mis talentos
únicos. Después haré una lista de las cosas que me encanta hacer cuando estoy
expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los
utilizo en servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y produzco
abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.
3) Todos los días me preguntaré:
"¿Cómo puedo servir?" y "¿Cómo puedo ayudar?" Las respuestas
a estas preguntas me permitirán ayudar y servir con amor a los demás seres
humanos.
RESUMEN Y CONCLUSIÓN
Quisiera conocer los
pensamientos de Dios... lo demás son detalles.
- ALBERT
EINSTEIN
La mente universal es la
coreógrafa de todo lo que sucede en miles de millones de galaxias y hace su
trabajo con una precisión exquisita y con una inteligencia inquebrantable. Su
inteligencia es máxima y suprema e impregna cada fibra de la existencia:
desde la más pequeña hasta la más grande, desde el átomo hasta el cosmos. Todo
lo que vive es expresión de esta inteligencia. Y esta inteligencia actúa a
través de las siete leyes espirituales.
Si miramos cualquiera de las
células del cuerpo humano, a través de su funcionamiento veremos la expresión
de estas leyes. Cada célula, sea del estómago, del corazón o del cerebro, se
origina en la ley de la potencialidad pura. El ADN es el ejemplo perfecto de
la potencialidad pura; en realidad, es la expresión material de ella. El mismo
ADN que hay en todas las células del cuerpo, se expresa de diferentes maneras
para cumplir los requisitos particulares de cada una.
Cada célula opera además a través
de la ley del dar. Una célula vive y permanece sana cuando está en estado de
equilibrio. Este estado es de realización y armonía, pero se mantiene a través
de un constante dar y recibir. Cada célula da y apoya a las demás, y a cambio
recibe alimento de ellas. La célula permanece en estado de flujo dinámico, el
cual jamás se interrumpe. En realidad, el flujo es la esencia misma de la vida
de la célula. Y solamente manteniendo este flujo de dar puede la célula recibir
y, por tanto, continuar con su existencia vibrante.
Las células ejecutan con suma
perfección la ley del karma, porque incorporada en su inteligencia está la
respuesta más apropiada, precisa y oportuna para cada situación que se
presenta.
Las células también ejecutan con
suma perfección la ley del menor esfuerzo: cumplen su trabajo con tranquila
eficiencia, en un estado de sosegada vigilancia.
Por medio de la ley de la
intención y el deseo, cada intención de cada célula utiliza el infinito poder
organizador de la inteligencia de la naturaleza. Hasta una intención simple
como la de metabolizar una molécula de azúcar desencadena inmediatamente una
sinfonía de sucesos en el cuerpo para secretar las cantidades exactas de hormonas
en el momento preciso, a fin de convertir la molécula de azúcar en pura energía
creativa.
Desde luego, cada célula expresa
la ley del desapego. No se aferra al resultado de sus intenciones. No duda ni
tropieza porque su comportamiento es función de una conciencia centrada en la
vida y en el momento presente.
Cada célula también expresa la ley
del dharma.
Debe descubrir su propia fuente,
el yo superior; debe servir a sus congéneres y expresar su talento único. Las
células del corazón, del estómago, del sistema inmune, todas se originan en el
yo superior, el campo de la potencialidad pura. Y como están directamente
enlazadas con ese computador cósmico, pueden expresar sus talentos únicos con
toda facilidad y conciencia atemporal. Sólo expresando sus talentos únicos
pueden mantener tanto su propia integridad como la de todo el cuerpo. El diálogo
interno de cada una de las células del cuerpo humano es: "¿Cómo puedo
ayudar?" Las células del corazón desean ayudar a las células del sistema
inmune, y éstas desean ayudar a las del estómago y a las de los pulmones, y las
células del cerebro se dedican a escuchar y ayudar a todas las demás. Cada una
de las células del cuerpo humano tiene solamente una función: ayudar a todas
las demás.
Observando el comportamiento de
las células de nuestro cuerpo, podemos ver la expresión más extraordinaria y
eficiente de las siete leyes espirituales. Ésa es la genialidad de la
inteligencia de la naturaleza. Son los pensamientos de Dios; lo demás son sólo
detalles.
Las siete leyes espirituales del
éxito son principios poderosos que nos ayudarán a alcanzar el dominio de
nosotros mismos. Si prestamos atención a estas leyes y ponemos en práctica los
ejercicios propuestos en este libro, veremos que podremos hacer realidad
cualquier cosa que deseemos - toda la abundancia, todo el dinero y todo el
éxito que deseemos. También veremos que nuestra vida se volverá más alegre y
próspera en todo sentido, porque estas leyes también son las leyes espirituales
de la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena.
Existe una secuencia natural para
aplicar estas leyes en la vida diaria, la cual puede ayudarnos a recordarlas.
La ley de la potencialidad pura se experimenta por medio del silencio, de la
meditación, del hábito de no juzgar, de la comunión con la naturaleza, pero es
activada por la ley del dar. El principio consiste en aprender a dar lo que se
busca. Así es como uno activa la ley de la potencialidad pura. Si buscamos
abundancia, demos abundancia; si buscamos dinero, demos dinero; si buscamos
amor, aprecio y afecto, aprendamos a dar amor, aprecio y afecto.
Por medio de nuestros actos en la
ley del dar, activamos la ley del karma. Si creamos un buen karma, éste nos
facilitará todo en la vida. Notaremos que no necesitamos mayor esfuerzo para
satisfacer nuestros deseos, lo cual nos lleva automáticamente a comprender la
ley del menor esfuerzo. Cuando todo ocurra con facilidad y sin esfuerzo, y
todos nuestros deseos se cumplan sin cesar, espontáneamente comenzaremos a comprender
la ley de la intención y el deseo. Cuando nuestros deseos se cumplan sin
esfuerzo, nos será fácil practicar la ley del desapego.
Por último, cuando comencemos a
comprender todas estas leyes, comenzaremos a concentrarnos en nuestro
verdadero propósito en la vida, lo cual lleva a la ley del dharma. A través del
uso de esta ley, expresando nuestros talentos únicos y satisfaciendo las
necesidades de los otros seres humanos, empezaremos a crear lo que deseemos,
cuando lo deseemos. Nos volveremos despreocupados y alegres, y nuestra vida se
convertirá en la expresión de un amor sin límites.
Somos los viajeros de una
travesía cósmica -polvo de estrellas danzando y girando en las corrientes y
los torbellinos del infinito. La vida es eterna, pero las expresiones de la
vida son efímeras, momentáneas, transitorias. Siddharta Gautama, el Buda,
fundador del budismo, dijo una vez:
Esta
existencia nuestra es tan transitoria como las nubes del otoño.
Observar
el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una
danza. Una vida es como un relámpago en el cielo, que se desliza veloz como un
torrente por la pendiente de una montaña.
Nos hemos detenido momentáneamente para encontrarnos unos a otros, para conocernos, amarnos y compartir. Este es un momento precioso, pero transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con cariño, alegría y amor, crearemos abundancia y alegría para todos. Y entonces este momento habrá valido la pena.
AGRADECIMIENTOS
Deseo expresarles mi amor y mi
gratitud a las siguientes personas:
Janet Mills por cultivar con amor
este libro desde su concepción hasta su terminación.
Rita Chopra, Mallika Chopra y
Gautama Chopra por ser las expresiones vivientes de las siete leyes
espirituales.
Ray Chambers, Gayle Rose,
Adrianna Nienow, David Simon, George Harrison, Olivia Harrison y Naomi Judd por
su valentía y su compromiso con una visión imponente, inspiradora, noble,
elevada y transformadora.
Roger Gabriel, Brent Becvar, Rose
BuenoMurphy y todo mi personal del Centro Sharp para
Deepak Singh, Geeta Singh, y todo
mi personal de Quantum Publications, por su vitalidad y su dedicación
incesantes.
Muriel Nellis, por su firme
intención de mantener el más elevado nivel de integridad en todas nuestras
empresas.
Richard Perl por ser un ejemplo
maravilloso de la auto-referencia.
Linda Ford, por su fe
inconmovible en el autoconocimiento, su compromiso y su contagioso entusiasmo
por transformar la vida de muchas personas.
Y Bill Elkus, por su comprensión
y su amistad.
GLOBAL NETWORK FOR SPIRITUAL SUCCESS
Post Office Box 1001
Del Mar, Califomia 92014
Estimado amigo/a:
En Las siete leyes espirituales
del éxito he descrito las virtudes y los principios que me han ayudado a mí,
y a muchas otras personas, a alcanzar la satisfacción espiritual y el éxito
material. Esta carta es una invitación para que usted se una - conmigo y
potencialmente con millones de personas a lo largo del mundo - a
La participación en
Algunos grupos de amigos, en
diferentes partes del mundo, han comenzado ya a concentrarse en una ley cada
día. Yo he hecho lo mismo con mis colaboradores y amigos, y le sugiero que
también usted comience con un grupo de estudio - integrado por miembros de su
familia, o amigos o compañeros de trabajo - que se reúna una vez por semana
para discutir las experiencias de cada uno con las leyes espirituales. Si esas
experiencias son extraordinarias, como lo serán en algunas ocasiones, lo
invito a que me escriba contándomelas.
Para unirse al Global Network for
Spiritual Success todo lo que usted necesita hacer es enviarme su nombre, su
dirección y, si quiere, su número telefónico y/o su dirección de correo electrónico,
a la dirección mencionada al comienzo, y yo le enviaré una tarjeta - que usted
podrá conservar en su billetera - con las siete leyes impresas, y lo mantendré
informado sobre las actividades de
El establecimiento de esta
Asociación representa la realización de uno de mis sueños más queridos.
Uniéndose al Global Network y practicando las siete leyes espirituales, yo sé
que usted logrará el éxito espiritual y la satisfacción de sus deseos. Me es
imposible desearle una bendición mayor.
Con amor y mis mejores deseos,
DEEPAK CHOPRA
SOBRE EL AUTOR
Deepak Chopra es un líder de
talla mundial en el campo de la medicina de la mente y el cuerpo y del
potencial humano. Ha escrito once libros, varios de los cuales han sido éxitos
de librería, entre ellos, Ageless Body, Timeless Mind; Quantum Healing; y
Creating Af fluence. También ha producido un sinnúmero de programas de audio y
vídeo para promover la salud y el bienestar. Sus libros se han traducido a más
de veinticinco idiomas, y ha dado conferencias en América del Norte, América
del Sur,
NOTA
DE CONTRATAPA:
Las siete leyes espirituales del
éxito es un libro que usted atesorará durante toda su vida, porque en sus
páginas está el secreto para convertir en realidad los sueños. En él, Deepak
Chopra destila la esencia de sus enseñanzas en siete simples - aunque poderosos
- principios, que pueden ser fácilmente puestos en práctica para alcanzar el
éxito en todas las áreas de la vida.
Las siete leyes espirituales del
éxito son principios poderosos que le ayudarán a alcanzar el dominio de sí
mismo. Si usted presta atención a estas leyes y pone en práctica los ejercicios
propuestos en este libro, verá que podrá hacer realidad cualquier cosa que
quiera - incluida toda la abundancia, todo el dinero y todo el éxito que desee.
También verá que su vida se volverá más alegre y próspera, porque estas leyes
también son las leyes espirituales de la vida, aquéllas que hacen que vivir
valga la pena.
Con base en las leyes naturales que gobiernan toda la creación, este libro destruye el mito según el cual el éxito sólo se logra a través del esfuerzo, la estrategia y la ambición.
Según Deepak Chopra, necesitamos
acercarnos al éxito y a la riqueza de una manera más espiritual. El éxito tiene
muchos aspectos, y la riqueza material – que no es otra cosa que el flujo
abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros – es sólo uno de sus
componentes. La salud, la energía, el entusiasmo por la vida, la realización en
las relaciones personales, la libertad creativa, la estabilidad emocional y
psicológica, la paz y el bienestar también son parte del éxito.
Pero hay un elemento más que es
indispensable para alcanzar el éxito: la comprensión de nuestra verdadera
naturaleza. Somos una manifestación de la divinidad, y a menos que cultivemos
la semilla de la divinidad que llevamos adentro, nunca podremos realizarnos.
Por tanto, el éxito verdadero es el despliegue de la divinidad en cualquier
lugar a donde vayamos y en cualquier cosa que veamos. Cuando comencemos a vivir
la vida como la expresión milagrosa de la divinidad – no de vez en cuando sino
en todo momento – comprenderemos el verdadero significado del éxito.
ÍNDICE:
Introducción
CAPÍTULO 1: La ley de la
potencialidad pura
CAPÍTULO 2: La ley del dar.
CAPÍTULO 3: La ley del “Karma” o
de causa y efecto.
CAPÍTULO 4: La ley del menor
esfuerzo.
CAPÍTULO 5: La ley de la
intención y el deseo.
CAPÍTULO 6: La ley del desapego.
CAPÍTULO 7: La ley del “Drama” o
propósito de vida.
Resumen y conclusión
Agradecimientos
* La palabra inglesa affluence - traducida aquí como
"afluencia" - significa, además de abundancia, riqueza y prosperidad;
de ahí la digresión etimológica del siguiente párrafo. (N. del Ed. )
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